miércoles, 25 de marzo de 2009

Artículo en Página 12


RESCATE DE LA FIGURA DE CARLOS CAPUTTO
Por Sandra Chaher - 30 de noviembre de 2004

La imposibilidad del límite en el campo de la experimentación
La presentación del libro Grafías, de Florencia Molina y Vedia, permitirá apreciar la obra del fotógrafo fallecido en 1995.

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Tuvo poco tiempo para investigar y tomar fotografías. Algo más de 10 años. Pero fueron suficientes para que fuera considerado uno de los fotógrafos con más futuro en el campo de la experimentación y la intervención. Cuando Carlos Caputto murió, a mediados de los ‘90, de un ataque de asma, hacía apenas 5 años que había hecho su primera muestra individual, en la Fotogalería del Teatro San Martín, dirigida entonces por Sara Facio, la misma fotógrafa que en 1995, en la exhibición Cien años de fotografía argentina que se hizo en Italia, lo presentó como uno de los tres jóvenes fotógrafos –junto a Marcos López y Liliana Parra– que mejor trabajaban en la experimentación y la intervención.
Caputto nació en agosto de 1952 y murió en marzo de 1995, hace casi diez años. “Creo que casi al día siguiente que se murió, sentí que tenía que hacer algo con su obra. No quería que se perdiera eso que yo consideraba tan valioso”, dice Florencia Molina y Vedia, su compañera desde los años ‘70 y la madre de su hijo Matteo. Al poco tiempo de la muerte de Carlos, Florencia se puso a trabajar en un libro que, si bien cambió mucho desde su concepción original, mantuvo el espíritu que ella consideró el mejor para plasmar el trabajo de su marido: la presentación de la obra completa. No sólo las fotografías, sino también fragmentos de textos, poemas, dibujos, acuarelas, toda una cantidad de formatos en los que Caputto expresaba una energía inagotable, probablemente regida por el asma grave que sufría desde chico. Ese libro acaba de editarse con el nombre Grafías y será presentado hoy a las 18.30 en la casa Cultural de España en Buenos Aires (ex ICI, Florida 943).
“Hay dos aspectos que quiero resaltar del libro. Uno es su característica inclasificable. Siempre creí que la obra de Carlos debía ser abordada desde la multiplicidad porque así era como él creaba, por más que se considerara fundamentalmente fotógrafo porque era donde más cómodo se sentía y donde realmente investigaba y creaba con sistematicidad. Los dibujos y textos los hacía en cualquier momento, azarosamente, y si yo no los guardaba probablemente hubieran terminado perdidos, no tenían importancia para él. Por otra parte, él mismo siempre defendió esta idea de la imposibilidad de poner límites en la tarea creativa. Pero es cierto que esta forma aparentemente caótica también tiene que ver conmigo, con mi forma de hacer las cosas, que pueden parecer caóticas aunque no lo son. El otro aspecto de la obra de Carlos y del libro que me parece interesante tiene que ver con algo que me dijo un amigo: que las fotos dejaban entrever mucha ternura. Y yo creo que es cierto. Aunque la ternura es un término un poco devaluado hoy día, a mí me parece que en sus fotos, si bien hay bastante melancolía, también hay ternura. Esto tiene que ver con cómo era él, que tenía una visión descarnada y dramática de la vida pero a la vez era optimista, muy vital en lo cotidiano.”
Grafías es, fundamentalmente, un homenaje y un acto de amor. Si se quiere conocer la obra de Caputto, habrá que bucear más hondo. Pero si lo que se busca es vislumbrar apenas, como un paseante furtivo, una obra de un enorme lirismo, afectividad y melancolía, es el libro adecuado. Concebido desde el formato como un libro de artista, con un excelente diseño, impresión y calidad, muestra las diferentes facetas creativas de un hombre inquieto y sensible. Allí están sus fotos hechas con goma bicromatada, pero también otras intervenidas, y algunas extremadamente clásicas. Están los retratos y los paisajes que rebosan sensaciones múltiples: soledad, presencia de la muerte, conciencia de la brevedad de la existencia, y también comprensión hacia un mundo duro y muchas veces poco fértil. También están las acuarelas, los dibujos y los textos, en los que fluyen ligeras las metáforas y evocaciones sobre la luz y el calor: “Si dijeses fuego, ardería incendiándome como un bosque, si dijeses agua el fuegoestaría eliminado”; “no te encontré y ahora con estas frágiles palabras intento traerte de ese túnel de sombras en donde tu pequeña luz ya no me alumbra y en donde tu gran tiniebla con su fuego que hiela me llama”. Es lo que podría llamarse un libro-collage, en el que lo más importante no es la obra sino el artista.
Molina y Vedia y Caputto se conocieron en Buenos Aires en 1975, cuando él ya tenía comprado un pasaje para irse a Venezuela un mes después. “No tenía ninguna vinculación con la política pero no le gustaba lo que estaba pasando, ya estaban las Tres A, y no quería vivir acá. En Venezuela trabajó de cualquier cosa y yo pensé que lo nuestro había sido un romance y nada más. Pero me empezó a escribir, yo le contestaba, eran cartas hermosísimas y me terminé de enamorar. Yo era divorciada y tenía una hija chiquita. Cuando fue el golpe, mi ex marido, que vivía en Europa, me ofreció un pasaje para irme. Lo acepté y me fui a vivir un año a Londres y después a Italia. Ahí vino Carlos y ya no nos separamos. La vida allí fue durísima. El trabajaba muchísimo como utilero en el teatro Alla Scala, de Milán, y yo tenía un trabajo de medio día. Recién pudimos pensar en tener algún desarrollo profesional cuando volvimos a Buenos Aires en el ‘85. Ya para ese entonces él se había comprado –en una gira con el teatro por Japón, en la que le pagaron muy bien– los equipos de fotografía y se dedicaba a eso todo el tiempo que podía, que no era mucho. Cuando volvimos, que ya había nacido Matteo, pudo investigar y estudiar más. Esto es algo que también hay que tener en cuenta para entender su obra: todo lo que hizo fue con mucho esfuerzo y pasión, porque no teníamos una vida económica fácil, ni ayuda familiar.”
La obra de Caputto trascendió sobre todo por su investigación con goma bicromatada, una técnica antiquísima, de los comienzos de la fotografía, que él recuperó cruzándola con la pintura. Había estudiado Bellas Artes antes de irse del país. “Estoy dentro de la fotografía, comprometido con ella y a pesar de mi formación como pintor, no me encuentro definido en ese campo –decía en una entrevista al diario La Prensa en mayo de 1994–. (...) tal vez la frase de Man Ray ejemplifique lo que siento: ‘Fotografío lo que no puedo pintar’. Me ocurre lo mismo, aunque yo encuentro que casi nada puedo pintar y todo lo puedo fotografiar.”

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